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Prosegur apuesta por la IA para gestionar sus contratos con LexIA

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La multinacional de seguridad Prosegur ha anunciado la incorporación de un asistente de inteligencia artificial denominado LexIA, desarrollado por su propio equipo de ingenieros y destinado a mejorar la gestión de contratos en las áreas de Legal, Compras e IT. Esta herramienta se estrena en cuatro países (España, Argentina, Brasil y Portugal) donde la compañía gestiona más de 50.000 contratos al año, y se extenderá progresivamente al resto de los 36 mercados en los que opera a lo largo de 2026.

Una herramienta para agilizar la gestión administrativa

LexIA se presenta como un sistema que multiplica por cuatro la capacidad de análisis de los empleados y reduce de forma significativa el tiempo de consulta de cláusulas y condiciones contractuales. Su funcionamiento se basa en procesamiento de lenguaje natural, búsqueda semántica y estructuración de datos, lo que permite ofrecer respuestas rápidas y precisas a consultas genéricas o específicas de los gestores.

Entre sus funciones se incluye el análisis del impacto de cambios regulatorios, la gestión de scoring de riesgos contractuales y la elaboración de recomendaciones para las negociaciones con proveedores y clientes. Además, puede comparar contratos con el acuerdo marco de la compañía y responder de forma automatizada a preguntas que surgen en el ciclo administrativo.

Seguridad y privacidad en el uso de la IA

Uno de los elementos más destacados de LexIA es la apuesta por la confidencialidad. Prosegur ha diseñado esta herramienta para trabajar en un entorno securizado, lo que garantiza la protección de la información sensible que se maneja en la gestión contractual.

La compañía señala que LexIA está en constante evolución. En esta primera fase se aplica en los cuatro países que concentran a 98.000 empleados de la compañía, y su despliegue global en 2026 permitirá atender a los más de 175.000 trabajadores que conforman la plantilla de Prosegur.

Ampliación de capacidades con IA generativa

La segunda fase de implantación contempla la integración de nuevas funcionalidades, especialmente gracias a la incorporación de IA generativa, que permitirá realizar consultas y análisis de documentos en tiempo real. Según la empresa, esta evolución servirá para automatizar tareas repetitivas y liberar a los empleados para que dediquen más tiempo a actividades de mayor valor añadido.

La visión de la compañía

Desde el área de Compras de Prosegur, responsable de la puesta en marcha de LexIA, destacan que esta iniciativa responde al compromiso de la compañía con la transformación digital. El director global de Transformación y CIO de Prosegur, Miguel Torres Tavara, señaló que “la transformación digital que experimenta la compañía avanza de la mano de la cultura corporativa, mejorando la experiencia de usuarios y la productividad de los equipos. En concreto, LexIA permitirá aumentar las capacidades del empleado optimizando el tiempo de trabajo que puede dedicar a tareas con mayor valor añadido”.

Torres subrayó además que los agentes de inteligencia artificial como LexIA son herramientas que permiten interactuar con los sistemas y usuarios para facilitar el análisis de documentos complejos, optimizando procesos y adaptándose a las necesidades de la empresa en distintos contextos.

Un paso más en la transformación digital de Prosegur

Con el lanzamiento de LexIA, Prosegur se posiciona como una de las primeras compañías en el sector de la seguridad en implantar un asistente de IA para la gestión contractual. La firma subraya que este desarrollo refleja su compromiso con la excelencia operativa y con la mejora continua de la experiencia laboral de su plantilla.

El uso de herramientas como LexIA consolida la estrategia de digitalización de Prosegur, al tiempo que marca un precedente en la incorporación de soluciones de inteligencia artificial a procesos administrativos que tradicionalmente requerían una alta inversión de tiempo y recursos humanos.

La IA ya propone ideas que desconciertan a los físicos

Varios investigadores han comenzado a usar inteligencia artificial para diseñar experimentos en física que desafían las ideas preconcebidas y, en algunos casos, mejoran los resultados obtenidos por humanos. Uno de los casos más llamativos ha sido el del observatorio de ondas gravitacionales LIGO, cuya sensibilidad ha sido optimizada gracias a un diseño sugerido por un algoritmo.

El LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory), con sedes en Washington y Luisiana, es capaz de detectar cambios de longitud menores al ancho de un protón. Esta precisión fue clave para captar en 2015 las primeras ondas gravitacionales procedentes de una colisión de agujeros negros. Pero incluso una estructura tan sofisticada puede mejorarse.

Diseños “alienígenas” que funcionan

El físico Rana Adhikari, del Instituto Tecnológico de California, recurrió a una IA desarrollada inicialmente por el físico Mario Krenn para diseñar experimentos de óptica cuántica. La herramienta comenzó generando diseños que parecían caóticos y sin sentido para los humanos: estructuras sin simetría ni lógica aparente. “Eran demasiado complicadas, parecían cosas de alienígenas o de IA”, reconoció Adhikari.

Sin embargo, al analizarlas en profundidad, los científicos descubrieron que una de esas propuestas incluía un anillo de tres kilómetros que ayudaba a reducir el ruido cuántico, mejorando la sensibilidad del detector entre un 10% y un 15%. “En un entorno de precisión subprotónica, eso es enorme”, afirmó Adhikari.

Reescribiendo los experimentos cuánticos

La historia no termina con LIGO. El equipo de Krenn también utilizó su IA, bautizada como PyTheus, para rediseñar un experimento clásico de entrelazamiento cuántico. Esta técnica, conocida como entanglement swapping, permite que dos partículas queden entrelazadas sin haber interactuado previamente. La IA propuso una configuración más simple que el diseño original de 1993 de Anton Zeilinger, premio Nobel de Física. El nuevo esquema fue validado experimentalmente en 2024 por un equipo de la Universidad de Nankín, en China.

Del laboratorio al universo

Más allá del diseño experimental, la IA también se está empleando para analizar datos complejos. Por ejemplo, modelos de aprendizaje automático han ayudado a predecir la densidad de materia oscura en el universo o a identificar simetrías en los datos del Gran Colisionador de Hadrones, como las simetrías de Lorentz clave para la relatividad de Einstein.

Rose Yu, de la Universidad de California en San Diego, entrenó algoritmos que redescubrieron esas simetrías sin información previa sobre física. Esto demuestra que los modelos pueden detectar patrones fundamentales únicamente a partir de datos.

¿El futuro de la ciencia?

Aunque por ahora la IA no ha generado nuevas teorías físicas por sí sola, los investigadores creen que el uso de modelos como ChatGPT podría ayudar a formular hipótesis más complejas en el futuro. “Creo que los modelos de lenguaje tienen un enorme potencial para automatizar la construcción de hipótesis”, dijo el físico Kyle Cranmer.

Por su parte, Aephraim Steinberg, experto en óptica cuántica, añadió: “LIGO es algo en lo que han trabajado miles de personas durante 40 años. Si la IA encuentra algo nuevo, es porque miles de personas no lo vieron”.

La conclusión es clara: la IA aún necesita supervisión humana, pero su capacidad para explorar caminos inusuales y encontrar soluciones eficaces está revolucionando la investigación científica. Estamos ante el inicio de una nueva etapa donde las máquinas no reemplazan al científico, pero sí lo impulsan hacia territorios inexplorados.

La imagen de representación de esta noticia pertenece a FlyD y ha sido publicada en Unsplash

China acelera su independencia en chips

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El Gobierno chino ha dado un paso decisivo en su carrera por la autonomía tecnológica: desde julio de 2025, obliga a los centros de datos estatales a utilizar al menos un 50% de circuitos integrados fabricados en China. Esta política busca reducir la dependencia de compañías como NVIDIA o AMD, vetadas por las sanciones de Estados Unidos. Huawei se perfila como la gran beneficiada, al liderar el desarrollo de GPU y memorias HBM3 producidas localmente. Sin embargo, aún enfrenta desafíos técnicos y de capacidad que podrían frenar esta ambición. China se juega en este terreno su papel como potencia en inteligencia artificial.

Una imposición estratégica para romper con Occidente

El diario South China Morning Post confirmó que la antigua recomendación del Gobierno chino a sus centros de datos se ha convertido en una norma obligatoria: deberán utilizar al menos un 50% de chips producidos en China en sus servidores. Esta decisión es una respuesta directa a las sanciones tecnológicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados, que impiden a las empresas chinas adquirir GPU avanzadas de fabricantes como NVIDIA, AMD o Cerebras.

La orden se enmarca dentro de la estrategia nacional liderada por Xi Jinping para lograr la autosuficiencia en sectores clave, como la inteligencia artificial. En este contexto, Huawei emerge como el actor más destacado.

Huawei, protagonista de una carrera contrarreloj

La empresa invierte más de 25.000 millones de dólares anuales en I+D para el desarrollo de hardware de IA. Su objetivo inmediato: igualar o superar las prestaciones de la GPU H100 de NVIDIA. Huawei ya ha presentado dos soluciones clave: el Ascend 910D y el Ascend 920. Este último se perfila como el reemplazo natural para la H20 de NVIDIA dentro del mercado chino.

Ambos chips se producirán a gran escala en la segunda mitad de 2025, utilizando tecnología de integración de 6 nanómetros desarrollada en colaboración con SMIC, el principal fabricante de semiconductores de China.

Cuellos de botella tecnológicos

A pesar del avance, Huawei enfrenta serias limitaciones. Según Jeffrey Kessler, subsecretario de Comercio de EE.UU., “la capacidad de producción de chips Ascend de Huawei para 2025 será de 200.000 unidades o menos”, y probablemente toda esa producción se destinará al mercado nacional.

El principal obstáculo técnico está en el proceso de litografía. SMIC depende de equipos de ultravioleta profundo (DUV) de ASML, una tecnología que requiere técnicas como el multiple patterning para alcanzar resoluciones de 5, 6 y 7 nm. Esta técnica encarece la producción y reduce el rendimiento por oblea, lo que limita la capacidad de abastecer la demanda interna.

Un avance inesperado: memoria HBM3 «made in China»

Hasta ahora, el otro gran cuello de botella era la falta de memorias HBM fabricadas en China. Las GPU para IA requieren chips de memoria de ancho de banda elevado (HBM), tradicionalmente producidos por Samsung, SK Hynix y Micron. Sin embargo, según DigiTimes Asia, Huawei ya está probando los primeros chips HBM3 producidos íntegramente en China.

Esta noticia representa un avance estratégico: China podrá sustituir las memorias HBM extranjeras con componentes locales, lo que acelera su autonomía tecnológica en IA.

UCM: el algoritmo que da sentido al hardware

Huawei no solo apuesta por el hardware. En julio de 2025, durante el Foro de Aplicaciones y Desarrollo de Razonamiento de IA Financiera celebrado en Shanghái, presentó su algoritmo UCM (Unified Cache Manager). Este sistema actúa como una caché inteligente que decide en qué tipo de memoria almacenar cada dato según su latencia. Así, puede reducir la latencia de inferencia hasta en un 90%.

Huawei ha anunciado que este algoritmo será de código abierto en septiembre, lo que podría impulsar su adopción en todo el ecosistema chino.

Consecuencias globales

La combinación de presión política, inversión estatal y liderazgo empresarial está empujando a China hacia una independencia acelerada en el sector de los semiconductores para IA. Si Huawei logra escalar su producción y superar las barreras tecnológicas actuales, China podría reducir significativamente su dependencia de Occidente.

Esto tendría implicaciones geopolíticas enormes: una IA soberana no solo reduce vulnerabilidades ante sanciones, sino que refuerza la capacidad de China para disputar el liderazgo global en tecnología. Mientras tanto, empresas como NVIDIA y AMD deberán repensar sus estrategias en uno de los mercados más grandes del mundo.

Así fracasó el modelo prometido de OpenAI

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OpenAI ha lanzado GPT-5, su modelo más potente hasta la fecha, anunciando avances en razonamiento, programación, salud y creatividad. Pero lejos de aclamaciones unánimes, el modelo ha dividido a usuarios y expertos. Se le acusa de frío, menos humano, plagado de errores y con serias vulnerabilidades. Mientras tanto, empresas lo adoptan masivamente por su bajo coste frente a Claude de Anthropic. Lo que prometía ser una revolución ha terminado abriendo un nuevo frente: el de las expectativas, la seguridad y el negocio.

El lanzamiento más esperado…

OpenAI ha presentado GPT-5 como su modelo de inteligencia artificial más potente, preciso y útil hasta la fecha. Con arquitectura unificada, razonamiento automático y capacidades multimodales, la empresa dirigida por Sam Altman ha prometido que el nuevo sistema ofrece “inteligencia a nivel de doctorado”, apto para ayudar en programación, escritura compleja o consultas médicas.

La realidad, sin embargo, ha sido más matizada. Mientras algunos aplauden sus avances técnicos, una parte significativa de la comunidad ha respondido con decepción, dudas y preocupación. En Reddit, X y medios especializados han surgido quejas sobre errores básicos, respuestas impersonales o menor calidez emocional. Incluso Altman ha reconocido fallos en el sistema automático que gestiona el cambio entre modelos, haciendo que GPT-5 “pareciera más tonto” de lo que es.

Más inteligente, pero menos humano

Uno de los principales puntos de fricción ha sido el cambio de estilo respecto a GPT-4o. Este último se había ganado el afecto de muchos usuarios por su tono amable y empático. En contraste, GPT-5 se percibe como más técnico, directo e impersonal. Altman lo atribuye a una “corrección de rumbo” para evitar modelos excesivamente aduladores, que refuercen sesgos o ilusiones.

GPT-5 parece menos complaciente, más empresarial y menos conversador”, dijo Pattie Maes, profesora del MIT, que celebró la reducción del tono adulador, aunque reconoció que “a muchos usuarios les gusta un modelo que les diga que son inteligentes y asombrosos”.

Esta transformación ha abierto un debate sobre el vínculo emocional que las personas forman con los chatbots. Altman incluso declaró que muchos usuarios recurren a ChatGPT como si fuera un terapeuta o coach de vida, y advirtió de los riesgos de una dependencia emocional excesiva.

El problema de la selección automática de modelos por defecto

El modelo GPT‑5 se impuso como predeterminado en ChatGPT, sustituyendo automáticamente a versiones anteriores mediante su sistema de enrutamiento en tiempo real. Esta transición dejó fuera del menú a modelos como GPT‑4o, generando frustración entre usuarios que solían elegir manualmente el modelo más adecuado según la tarea. La falta de opciones y de aviso previo dejó a muchos sin control, lo que se amplificó con errores iniciales del sistema automático que hicieron que GPT‑5 pareciera «mucho más tonto«.

La vuelta de GPT‑4o tras la oleada de críticas emocionales

La eliminación abrupta de GPT‑4o desató un fuerte rechazo. Muchos usuarios expresaron sentirse emocionalmente conectados con ese modelo, llegando a compararlo con un compañero cercano. En respuesta a la avalancha de quejas y amenazas de cancelación, OpenAI reinstauró GPT‑4o para suscriptores Plus en tan solo días. Sam Altman admitió que subestimaron cuánto valoraban algunos usuarios el tono cálido y conversacional de GPT‑4o.

Un salto en programación… con matices

En términos técnicos, GPT-5 ha logrado mejoras notables en benchmarks de codificación. Con un 74,9% de aciertos en la prueba SWE-bench Verified, supera a Claude Opus 4.1 y Gemini 2.5 Pro. Genera webs, apps o juegos interactivos desde un solo prompt, y explica su código paso a paso.

Pero no todo son elogios. Según WIRED, muchos desarrolladores consideran que su rendimiento real no es tan espectacular como promete OpenAI. Sayash Kapoor, investigador de Princeton, afirma que en sus pruebas GPT-5 fue menos preciso que modelos rivales y generó respuestas más largas de lo necesario. Jenny Wang, creadora de una IA de estilo personal, reconoce que el modelo completó tareas complejas de una sola vez, pero también cometió errores graves como alucinar URLs.

OpenAI ha defendido sus métricas internas y afirma haber entrenado GPT-5 con tareas de codificación reales junto a empresas emergentes y testers seleccionados. Aun así, la falta de transparencia en sus evaluaciones ha sido criticada por expertos y competidores.

Empresas a favor, usuarios divididos

Mientras el público debate su utilidad, el sector empresarial parece decidido a adoptarlo. Compañías como Cursor, JetBrains, Notion, Windsurf o Factory han anunciado que han convertido GPT-5 en su modelo por defecto, desplazando a Claude de Anthropic.

El motivo clave: el precio. GPT-5 cuesta 1,25 dólares por millón de tokens de entrada y 10 por millón de salida, frente a los 15 y 75 de Claude Opus. Esa diferencia de hasta 7,5 veces hace que desplegar GPT-5 a gran escala sea mucho más asequible. Sin embargo, esa ventaja es relativa: cuando el modelo entra en “modo razonamiento”, genera pasos intermedios invisibles que también consumen tokens, lo que podría encarecer su uso real.

El coste de ofrecer este servicio es altísimo para OpenAI, que espera gastar 8.000 millones de dólares en 2025. La compañía ya ha reforzado su equipo comercial con más de 500 personas para captar clientes empresariales, en paralelo a su alianza con Microsoft.

Un modelo menos seguro de lo esperado

Las críticas no solo vienen del estilo o la precisión. La startup SPLX ha detectado graves vulnerabilidades en GPT-5, asegurando que en su versión básica era susceptible al 89% de los ataques. Incluso con defensas mínimas activadas, la tasa de éxito de ataques fue del 43%.

Otros investigadores, como NeuralTrust, lograron engañar al modelo con narrativas que ocultaban fines maliciosos, como obtener instrucciones para fabricar cócteles molotov. También se ha demostrado que técnicas de ofuscación de prompts (insertar símbolos o romper palabras) son eficaces para burlar restricciones.

Esto ha generado preocupación sobre su uso en entornos sensibles como salud, educación o justicia. OpenAI ha respondido con mejoras en los monitores de razonamiento y nuevos sistemas de entrenamiento enfocados en respuestas seguras. El modelo “GPT-5 thinking” es más resistente, pero requiere más recursos y tiempo para generar cada respuesta.

Innovación técnica, pero sin revolución

GPT-5 introduce novedades como una ventana de contexto de 256.000 tokens, modos de pensamiento escalados, personalidades preconfiguradas y una nueva estrategia de entrenamiento en “respuestas seguras”. También es el primer modelo de razonamiento avanzado disponible para usuarios gratuitos.

Sin embargo, incluso sus defensores reconocen que el salto de GPT-4 a GPT-5 no es tan grande como el de GPT-3 a GPT-4. El modelo ha sido afinado, unificado, mejorado… pero no ha cumplido con la promesa de ser un paso hacia la AGI.

Implante cerebral con IA logra decodificar el diálogo interior

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Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford ha desarrollado un interfaz cerebro-ordenador capaz de interpretar el habla interior en personas con graves dificultades de comunicación. El estudio, publicado en la revista Cell, muestra cómo esta tecnología, aún en fase experimental, podría convertirse en una herramienta clave para devolver la fluidez verbal a pacientes con parálisis.

El hallazgo supone un paso de gigante en el campo de los interfaces cerebro-ordenador (BCI, por sus siglas en inglés). Hasta ahora, los avances se habían centrado en decodificar los intentos frustrados de habla o escritura de pacientes con parálisis. Sin embargo, el nuevo enfoque se adentra en un terreno más íntimo: el de las palabras que cada persona imagina en silencio, su diálogo interno.

Un puente entre la mente y la voz

El proyecto está liderado por Frank Willett, profesor asistente de neurocirugía en Stanford y codirector del Neural Prosthetics Translational Laboratory. Junto a él trabajan la investigadora posdoctoral Erin Kunz y el estudiante de doctorado Benyamin Abramovich Krasa, coautores principales del estudio.

Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford ha desarrollado un interfaz cerebro-ordenador capaz de interpretar el habla interior en personas con graves dificultades de comunicación. El estudio, publicado en la revista Cell, muestra cómo esta tecnología, aún en fase experimental, podría convertirse en una herramienta clave para devolver la fluidez verbal a pacientes con parálisis.
Erin Kunz, Frank Willett y Benyamin Meschede-Krasa observando su invento. Esta fotografía es propiedad de Jim Gensheimer.

La técnica emplea diminutas matrices de microelectrodos, más pequeñas que un guisante, que se implantan quirúrgicamente en la superficie del cerebro, en la región motora encargada de coordinar los movimientos que generan el habla. Estos electrodos capturan señales neuronales que, a través de un algoritmo de machine learning, se traducen en fonemas, las unidades mínimas del lenguaje, y después en frases completas.

En fases previas de la investigación, el equipo había demostrado que era posible convertir en palabras los intentos frustrados de hablar o escribir de personas con parálisis. El reto actual consistía en ir más allá y explorar si el simple hecho de imaginar palabras también dejaba una huella neuronal reconocible.

Qué significa descifrar el habla interior

El estudio analizó a cuatro pacientes con graves limitaciones motoras y del habla, a quienes se implantaron los microelectrodos. Los resultados confirmaron que las palabras pensadas activaban patrones neuronales consistentes en la corteza motora. Según Willett, estos patrones son una versión más pequeña, pero clara, de los que se producen al intentar hablar.

Encontramos que el habla interior evocaba patrones robustos de actividad cerebral en estas regiones. Pudimos decodificarlos lo suficiente como para demostrar una prueba de concepto, aunque todavía no con la misma precisión que en los intentos de habla.

Frank Willett

El avance abre la posibilidad de que, en un futuro, las personas con parálisis puedan comunicarse de forma fluida y cómoda sin necesidad de mover labios, lengua o cuerdas vocales, simplemente imaginando lo que quieren decir.

El papel de la inteligencia artificial

La IA es el corazón de este avance. Los microelectrodos generan miles de señales neuronales por segundo, demasiado complejas para ser interpretadas directamente. Aquí es donde entran los algoritmos de machine learning:

  • Aprendizaje de patrones: la IA se entrena para reconocer qué señales corresponden a fonemas concretos, los bloques básicos del habla.
  • Reconstrucción de frases: una vez identificados los fonemas, el sistema los ensambla en palabras y oraciones, de forma similar a cómo lo hace un corrector predictivo en un móvil.
  • Filtrado inteligente: los modelos también aprenden a ignorar el “ruido” neuronal y a diferenciar entre el habla interior voluntaria y pensamientos espontáneos, reforzando la privacidad del usuario.

Gracias a este proceso, la IA actúa como un intérprete en tiempo real entre el cerebro y el ordenador, haciendo posible que un simple pensamiento pueda convertirse en voz digital.

Retos éticos: ¿y si se decodifica un pensamiento no deseado?

Uno de los grandes interrogantes que plantea este progreso es el de la privacidad mental. Si es posible descifrar el habla interior, ¿qué ocurre si el sistema interpreta pensamientos que la persona no quería expresar?

Willett reconoce este riesgo y aclara que los actuales BCI no tienen aún la resolución suficiente para descifrar con precisión el habla interior no intencionada. No obstante, su equipo ya trabaja en mecanismos de protección. Entre ellos, entrenar al sistema para que ignore este tipo de señales o implementar un sistema de contraseña: el dispositivo solo comienza a decodificar tras imaginar una frase clave, como “as above, so below”.

El futuro de los interfaces cerebro-ordenador

Aunque la tecnología aún se encuentra en fases iniciales, los investigadores son optimistas. El próximo paso pasa por mejorar el hardware, haciéndolo totalmente inalámbrico y capaz de registrar la actividad de un mayor número de neuronas, lo que redundará en mayor precisión y comodidad.

Al mismo tiempo, planean explorar otras áreas cerebrales, como las asociadas al lenguaje o la audición, que podrían contener señales más ricas sobre el habla imaginada. Además, empresas tecnológicas ya trabajan en dispositivos que, dentro de unos años, podrían estar disponibles para uso clínico.

Una esperanza para quienes han perdido la voz

Los avances en BCI ya habían demostrado que el cerebro conserva la capacidad de “pensar palabras” aunque los músculos del habla estén paralizados. Este nuevo hito, al enfocarse en el habla interior, ofrece una perspectiva de comunicación más rápida, fluida y menos fatigosa para quienes padecen estas limitaciones.

El camino hacia una implantación generalizada aún será largo: requiere pruebas clínicas, mejoras tecnológicas y estricta supervisión ética. Sin embargo, el estudio marca un hito en la neurociencia aplicada a la comunicación humana y abre una ventana de esperanza para quienes hoy solo pueden expresarse a través de gestos, teclados o sistemas muy lentos de transcripción asistida.

Las fotografías que aparecen en esta noticia pertenecen a la Universidad de Stanford.

19,5 millones para impulsar la digitalización y la IA en los medios de comunicación españoles

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España impulsa la digitalización de sus medios

El Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública ha abierto una nueva convocatoria de préstamos por valor de 19,5 millones de euros, destinada a medios de comunicación que operan en España y deseen fortalecer su digitalización. La ayuda se ofrece a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), dentro del Plan de Acción por la Democracia aprobado por el Gobierno en septiembre de 2024. La finalidad es clara: reforzar el pluralismo, la transparencia y el derecho a la información en un ecosistema mediático cada vez más condicionado por las nuevas tecnologías.

Medios digitales, IA y lenguas cooficiales

El programa está orientado a medios que quieran desarrollar proyectos de transformación digital, incluyendo la incorporación de inteligencia artificial, el procesamiento automático de contenidos, la mejora de sitios web, la hipertextualidad o el uso de lenguas cooficiales. También se financiarán herramientas como chatbots, motores de búsqueda inteligentes o traductores automáticos.
La ayuda busca cubrir una amplia gama de gastos: desde personal y tecnología, hasta análisis financiero, auditorías y cualquier necesidad de modernización detectada por el propio medio.

Una inversión que forma parte de un plan más ambicioso

La convocatoria es solo una parte de un conjunto de ayudas públicas que suman 124,5 millones de euros. Entre otras partidas destacadas:

  • 15 millones para reforzar la ciberseguridad, a través del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE).
  • 10 millones para que grandes medios integren inteligencia artificial en sus procesos.
  • 10 millones adicionales para proyectos de compartición de datos entre medios.
  • 65 millones destinados a digitalizar medios impresos, gestionados por Red.es.
  • 5 millones para elaborar un Kit Digital que beneficie especialmente a medios locales y regionales.

Una medida alineada con la legislación europea

Este programa responde también a las exigencias de la nueva Ley Europea de Libertad de los Medios de Comunicación, en vigor desde agosto de 2025. Esta legislación obliga a los Estados miembros a adoptar medidas que protejan la independencia y sostenibilidad de los medios ante las amenazas digitales y económicas.

El Spain Audiovisual Hub como plataforma

Los préstamos serán canalizados a través del Spain Audiovisual Hub, un fondo público diseñado para impulsar la digitalización del sector audiovisual y de contenidos digitales en España. La SETT también gestiona otros dos fondos estratégicos: Next Tech, para atraer inversión privada en tecnologías emergentes, y el PERTE Chip, centrado en microelectrónica y semiconductores.

Plazo abierto hasta el 30 de septiembre

Las solicitudes pueden presentarse desde el 2 de julio hasta el 30 de septiembre de 2025 a través de la web oficial de la SETT o del Registro Electrónico general. Esta nueva convocatoria pone de manifiesto el compromiso del Estado con el futuro digital de los medios españoles, su adaptación tecnológica y su capacidad para informar con calidad, seguridad y en todos los idiomas del territorio.

La fotografía de portada de esta noticia pertenece a José Manuel Álvarez (c) La Moncloa y muestra al ministro Jordi Hereu, la ministra Pilar Alegría y los ministros José Manuel Albares y Óscar López, explicando los acuerdos adoptados por el Ejecutivo en diciembre de 2024.

El peligro de confiar tu salud a un chatbot

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Un hombre de 60 años en Estados Unidos desarrolló bromismo, una intoxicación por bromuro de sodio, después de seguir una recomendación obtenida en ChatGPT sobre cómo eliminar la sal de su dieta. El caso, descrito en la revista Annals of Internal Medicine, ha encendido las alarmas sobre los riesgos de confiar en chatbots de inteligencia artificial como fuente de información médica.

El caso ha reabierto un debate clave: ¿qué ocurre cuando los pacientes sustituyen la atención de un profesional sanitario por un consejo generado por un algoritmo?

De una consulta en línea al ingreso hospitalario

El protagonista de esta historia es un hombre de 60 años sin antecedentes médicos que, tras leer sobre los posibles efectos negativos de la sal común, decidió buscar en ChatGPT una forma de eliminar el cloruro de su dieta. El chatbot mencionó el bromuro como alternativa, sin incluir advertencias sobre su toxicidad.

Convencido, el paciente reemplazó la sal de mesa por bromuro de sodio durante tres meses. Poco después empezó a sufrir alucinaciones, paranoia, sed intensa, insomnio y lesiones cutáneas. Alarmado, acudió a un hospital convencido de que su vecino intentaba envenenarlo. Los médicos lo ingresaron bajo observación psiquiátrica tras un intento de fuga y confirmaron que padecía bromismo, una intoxicación hoy poco frecuente.

El regreso del bromismo, una intoxicación olvidada

El bromismo fue un síndrome común a principios del siglo XX, cuando el bromuro de sodio se utilizaba como sedante. Se calcula que llegó a estar detrás de hasta un 8 % de las hospitalizaciones psiquiátricas de la época.

La enfermedad prácticamente desapareció cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) prohibió el bromuro en productos de consumo entre 1975 y 1989. Sin embargo, la venta en internet de suplementos químicos ha facilitado su reaparición en casos aislados.

En este paciente, los análisis revelaron niveles de bromuro en sangre muy elevados, hipercloremia y un anión gap negativo. Tras varias semanas de hidratación intravenosa y corrección de electrolitos, sus síntomas desaparecieron y pudo abandonar el hospital sin medicación de larga duración.

Los médicos alertan: la IA puede inducir a errores graves

El estudio fue elaborado por especialistas de la Universidad de Washington, que advierten del riesgo de emplear chatbots como fuente de información sanitaria. Al repetir la consulta del paciente en ChatGPT, comprobaron que el sistema mencionaba el bromuro como sustituto del cloruro, sin advertencias de salud ni preguntas adicionales.

Según los autores, la inteligencia artificial puede generar inexactitudes científicas, carecer de un análisis crítico de resultados y alimentar la desinformación. Aunque reconocen que puede servir como herramienta de divulgación, advierten que no debe sustituir la orientación médica.

La posición de OpenAI

OpenAI, empresa responsable de ChatGPT, ha lanzado recientemente su modelo GPT-5, que incluye mejoras para detectar consultas delicadas y advertir de riesgos en materia de salud. La compañía insiste en que el sistema no sustituye la atención médica ni debe usarse para diagnosticar o tratar enfermedades.

El caso, sin embargo, se produjo con una versión anterior del chatbot, según señalan los autores.

Una advertencia para pacientes y médicos

Más allá de lo anecdótico, este episodio sirve de advertencia sobre cómo los algoritmos pueden influir en decisiones médicas de riesgo. Para los especialistas, los médicos deberán preguntar cada vez más a sus pacientes de dónde obtienen la información que aplican a su salud, especialmente en una era en la que la inteligencia artificial se presenta como un recurso inmediato y accesible.

La conclusión es clara: un chatbot puede ser útil para informar, pero nunca para sustituir a un profesional de la salud.

La fotografía de representación de esta noticia pertenece a Owen Beard y ha sido publicada en Unsplash

Barcelona Activa estrena plataforma laboral inteligente

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El Ayuntamiento de Barcelona, mediante la agencia municipal Barcelona Activa, ha estrenado la nueva web Barcelona Activa Empleo, una plataforma digital que quiere convertirse en un punto de referencia para quienes buscan trabajo o desean mejorar su trayectoria profesional. Se trata de un espacio que utiliza la inteligencia artificial (IA) como eje central para ofrecer recomendaciones personalizadas, ajustadas al perfil de cada usuario .

Un portal renovado con más de 1.700 empleos

La nueva web actualiza el servicio de empleo más consultado de la agencia municipal, que en 2024 recibió más de 730.000 visitas, representando el 36 % del tráfico total del ecosistema digital de Barcelona Activa. Entre sus principales novedades destaca un catálogo de más de 1.700 ocupaciones, cada una con fichas detalladas que incluyen las competencias y conocimientos necesarios, así como información sobre la demanda real de esos perfiles en el mercado barcelonés.

Este recurso se complementa con un asistente virtual basado en IA que analiza las habilidades, intereses y objetivos profesionales de las personas usuarias. A partir de esa información, el sistema propone ofertas ajustadas a cada caso, refuerza candidaturas y ayuda a preparar entrevistas laborales.

Inteligencia artificial al servicio del empleo

El uso de la inteligencia artificial no se limita a la búsqueda de empleo. La plataforma también ofrece herramientas de orientación profesional, diseñadas para ayudar a los usuarios a definir sus metas, identificar oportunidades de crecimiento y acceder a formación especializada. En este sentido, se convierte en un equipamiento virtual al servicio de la ciudadanía, que pretende dar respuesta a realidades laborales muy diversas.

Sectores estratégicos y formación especializada

El portal dedica especial atención a los sectores con mayor proyección en Barcelona: ciencias de la vida y la salud, tecnologías de la información y la comunicación (TIC), industria 4.0 y comercio. Además, proporciona acceso a itinerarios formativos, servicios de apoyo y actividades como ferias de empleo o jornadas de reclutamiento .

Experiencia de usuario personalizada

La página principal se organiza en tres grandes bloques que responden a diferentes momentos profesionales:

  • “Quiero encontrar un trabajo, pero no sé por dónde empezar”.
  • “Quiero potenciar mi búsqueda de empleo”.
  • “Quiero formarme”.

Con esta estructura, el portal facilita una navegación clara y rápida, adaptada a las necesidades concretas de cada persona. De esta forma, se genera una experiencia personalizada, optimizada para diferentes perfiles de usuarios, desde quienes buscan su primera oportunidad laboral hasta aquellos que desean cambiar de sector o especializarse.

En un momento de profundos cambios tecnológicos, demográficos y económicos, la nueva web no solo busca mejorar la empleabilidad de las personas, sino también fortalecer los sectores estratégicos de la ciudad y adaptarse a las transformaciones del mercado laboral.

El espejismo de la IA total ¿Puede sustituir al humano?

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Cuando la IA no basta

El desarrollo de la inteligencia artificial ha estado acompañado de una creciente fascinación por su potencial. Sin embargo, existen aplicaciones que, desde su concepción, están condenadas al fracaso: son los llamados proyectos non-starter. Son aquellos en los que se espera que la IA resuelva problemas que, por su propia naturaleza, exceden sus capacidades. Este fenómeno no es nuevo, pero se repite cada vez que se exageran las promesas de esta tecnología.

El espejismo de la creatividad artificial

Uno de los debates más persistentes en torno a la inteligencia artificial es si realmente puede ser creativa. Algunos expertos sostienen que no. A comienzos de los años 2000, el sitio oficial de Psicología de la Universidad Estatal de California en Northridge, csun.edu, definía la creatividad como “la capacidad de generar o reconocer ideas, alternativas o posibilidades que pueden ser útiles para resolver problemas”, y enfatizaba que esta exige ver el mundo desde una nueva perspectiva y generar ideas únicas.

Desde este enfoque, una IA que compone una pieza musical “al estilo de Beethoven tocada por los Beatles” estaría imitando patrones, no creando algo auténticamente nuevo. La entrada Computational creativity en Wikipedia, consultada en julio de 2025, recoge este argumento, señalando que “un ordenador no puede ser creativo, ya que todo lo que produce debe haber estado ya presente en los datos de entrada o en los algoritmos”.

No obstante, otros expertos consideran que la IA está alcanzando un grado de autonomía suficiente como para generar resultados inesperados y valiosos. La cuestión de fondo radica en cómo definimos creatividad: ¿como la invención absoluta o como la combinación novedosa de elementos conocidos? Algunos estudios sobre modelos generativos de DeepMind y sistemas como GPT-4o han avivado este debate.

¿Y la imaginación?

Un argumento similar se aplica a la imaginación. Para algunos investigadores, imaginar implica concebir realidades alternativas, jugar con lo que no existe y generar hipótesis sin restricciones. Esta capacidad, ligada a la inteligencia intrapersonal y emocional, sigue estando fuera del alcance de la mayoría de los modelos actuales.

Quienes son escépticos con respecto a la IA insisten en que su funcionamiento depende siempre de datos previos y que no puede salirse de los límites que le impone su programación. Para otros, en cambio, si un modelo es capaz de producir una imagen o historia que nadie había anticipado, se podría hablar de una forma incipiente de imaginación computacional. Casos como el del generador de imágenes DALL·E o las obras generadas por Magenta de Google muestran hasta dónde puede llegar esta capacidad.

Errores de enfoque y expectativas irreales

Más allá del debate conceptual, aplicar la IA fuera de su ámbito de eficacia sigue siendo un problema. Muchos resultados se basan en predicciones estadísticas válidas a nivel de grupos, pero no para individuos. Y si los datos contienen opiniones disfrazadas de hechos, la salida puede ser tan sesgada como el insumo. La discusión sobre estos sesgos ha sido ampliamente documentada por iniciativas como Algorithm Watch y por investigaciones académicas que alertan sobre los límites de las decisiones automatizadas.

Esta confusión ha desembocado en varios “inviernos de la IA”: periodos de desilusión y recortes de financiación tras expectativas excesivas. Ya hubo dos grandes inviernos (de 1974 a 1980 y de 1987 a 1993) y, aunque hoy vivimos un nuevo “verano de la IA”, muchos advierten sobre el riesgo de repetir errores pasados si no se ajustan las expectativas a la realidad.

Gadgets sin propósito

En ocasiones, se desarrollan soluciones que no resuelven problemas reales. Son gadgets llamativos, pero poco útiles. Para identificarlos, algunos expertos proponen la regla CREEP: Coste-efectivo, Reproducible, Eficiente, Eficaz y Práctico. Si un desarrollo no cumple estas condiciones, probablemente acabará olvidado.

En medio del entusiasmo por la automatización, muchos recuerdan que hay tareas que solo las personas pueden hacer bien: tomar decisiones éticas, interpretar emociones, generar empatía o adaptarse a contextos ambiguos. La IA puede asistir, pero no reemplazar, sobre todo en ámbitos donde lo humano es insustituible. Las reflexiones de expertos como Kate Crawford o Sherry Turkle han sido clave para entender por qué la dimensión humana sigue siendo central.

Una relación más realista

Roy Amara formuló una ley que sigue vigente: “tendemos a sobrestimar el efecto de una tecnología en el corto plazo y a subestimarlo en el largo plazo”. La inteligencia artificial no es una varita mágica, sino una herramienta poderosa que debe usarse con criterio. Si comprendemos sus límites y su potencial, evitaremos nuevas crisis y construiremos una colaboración más inteligente entre humanos y máquinas.

Rechazo a la inteligencia artificial: razones y perfiles

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¿Qué lleva a dejar de usar una tecnología tan poderosa?

Mientras la mayoría de estudios sobre la inteligencia artificial generativa (GenAI) se centran en su adopción y beneficios, un equipo de investigadores de la Universidad Brigham Young y la Universidad de Georgia ha querido mirar al otro lado: ¿por qué las personas dejan de usarla? A través de un enfoque mixto, la investigación combinó métodos cualitativos y cuantitativos para identificar los motivos del llamado non-use, es decir, el abandono voluntario de estas herramientas tras haberlas utilizado previamente.

Un dato revelador: 94% de no uso puntual

El estudio fue presentado en enero de 2025 durante la 58ª edición de la conferencia Hawaii International Conference on System Sciences (HICSS), una de las más prestigiosas en el ámbito de la tecnología. Parte de una paradoja: plataformas como ChatGPT o Copilot lograron récords históricos de adopción, pero muchas personas dejaron de usarlas al poco tiempo. ¿Qué ocurre entre la primera prueba y el abandono?

Según los datos, el 94% de los usuarios con experiencia en GenAI reconoció haber evitado su uso en situaciones concretas en las que podrían haberlo hecho. Esto no implica un abandono total, sino una forma de resistencia puntual, pero muy extendida.

Quiénes son los que abandonan

Los participantes del estudio fueron seleccionados por su experiencia previa con GenAI, e incluyeron a personas entre 18 y 78 años. La edad media fue de 34 años, y el género estuvo bastante equilibrado: un 48,5% hombres, un 50% mujeres y un 1,5% no especificado.

Estos usuarios habían utilizado previamente herramientas como ChatGPT, Claude, Copilot, Bard o Midjourney, pero confesaron que, en muchas situaciones cotidianas o laborales, eligieron conscientemente no volver a usarlas. El perfil revela que no se trata de desconocedores de la tecnología, sino de personas que la han probado y luego la han dejado de lado.

Donde más duele: educación, arte y emociones

La resistencia a usar GenAI varía según el contexto. Por ejemplo, en el ámbito educativo, muchas personas evitan usar estas herramientas por miedo a caer en el plagio o porque consideran que impiden el aprendizaje real. En el mundo creativo, preocupa que la IA genere obras poco originales y limite la expresión humana. Y en contextos emocionales, como redactar un mensaje personal o un discurso fúnebre, el uso de IA se percibe como frío e inauténtico.

En todos estos escenarios, la preocupación ética es transversal. Tal y como detalla el estudio, el temor a que el uso de GenAI pueda ser deshonesto, inmoral o incluso ilegal, lleva a muchos usuarios a descartarla. De hecho, esta fue una de las causas más citadas por los participantes.

El valor de sentirse conectado

Más allá de las preocupaciones prácticas, el estudio ha identificado una dimensión menos explorada pero clave: la necesidad de conexión humana. Las personas con un alto deseo de establecer relaciones significativas o de preservar lo humano en sus interacciones tienden a rechazar la IA generativa, percibiéndola como una amenaza a la autenticidad.

Este hallazgo ha llevado a los autores a desarrollar una nueva escala de medición psicológica, centrada en este concepto de connectedness. Aunque aún no ha sido validada externamente, sus resultados preliminares muestran que se trata de uno de los factores más fuertes a la hora de predecir el abandono de estas tecnologías.

Más allá de la privacidad y la ansiedad

Sorprendentemente, otros factores como la preocupación por la privacidad o la ansiedad ante la IA no resultaron ser tan determinantes. De hecho, las personas con mayores preocupaciones globales sobre privacidad eran, en algunos casos, más propensas a usar GenAI, mientras que aquellas con inquietudes más específicas sobre el uso online sí tendían a evitarla.

Implicaciones para el futuro de la IA

Los autores del estudio advierten que diseñar tecnologías pensando solo en su funcionalidad es un error. Para fomentar un uso sostenible y ético de la IA generativa, es necesario atender a las emociones, valores y contextos de uso reales de las personas. Por ejemplo, integrar elementos que fomenten la conexión humana o demostrar con claridad el valor añadido de la herramienta puede ser más eficaz que simplemente mejorar su precisión.

Además, el estudio plantea que entender por qué se abandona una tecnología es tan relevante como saber por qué se adopta. Solo así se podrán superar las barreras que hoy impiden una integración plena y responsable de la IA generativa en la sociedad.

La fotografía de representación de este artículo pertenece a Tiago Felipe Ferreira y ha sido publicada en Unsplash

Drones: del ocio a la guerra impulsados por la inteligencia artificial

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Los drones, también conocidos como Unmanned Aerial Vehicles (UAV), han pasado de ser una tecnología exclusivamente militar a convertirse en una herramienta omnipresente en múltiples sectores civiles. Hoy, estos robots móviles voladores desempeñan funciones clave en logística, agricultura, seguridad y entretenimiento, impulsados por avances en inteligencia artificial (IA) que aumentan su autonomía y capacidades operativas.

Orígenes militares y evolución

El desarrollo de drones comenzó en el ámbito militar, con los primeros modelos usados por la Marina británica en los años 30 para prácticas de tiro y por EE. UU. a partir de 1945. En 1973, la agencia DARPA desarrolló los primeros prototipos armados, y desde entonces la tecnología no ha parado de avanzar. Drones como el Predator o el Reaper son ahora parte esencial de los arsenales militares y capaces de realizar ataques a miles de kilómetros de distancia, guiados por operadores humanos mediante satélites.

El gran salto reciente es la incorporación de IA, que permite a los drones reconocer objetivos, operar en enjambres o seguir combatiendo incluso si pierden comunicación con su base. Un ejemplo es el proyecto Gremlin de DARPA, diseñado para misiones múltiples, autónomas y en equipo.

Los enjambres y la autonomía: ¿riesgo o revolución?

La posibilidad de operar enjambres de drones (grupos coordinados sin necesidad de control central) representó un cambio de paradigma. Más difíciles de detectar y neutralizar, estos sistemas revolucionan los conflictos armados. Sin embargo, también generan preocupación ética: figuras como Elon Musk o Stephen Hawking han alertado del riesgo de crear armas autónomas capaces de decidir por sí solas a quién matar.

Drones comerciales y civiles: del cielo al supermercado

La miniaturización de baterías, sensores y cámaras ha permitido la expansión de drones civiles. Gracias a componentes de los teléfonos móviles (como GPS o acelerómetros), hoy los drones son más accesibles y manejables. Amazon y Google trabajan en proyectos de reparto como Prime Air y Project Wing, aunque aún existen limitaciones técnicas y regulatorias que impiden su despliegue masivo.

Aplicaciones prácticas: agricultura, seguridad y logística

En el campo, los drones ya permiten la agricultura de precisión, detectando enfermedades, analizando suelos y optimizando riegos. En seguridad, cuerpos policiales utilizan drones con cámaras térmicas para localizar sospechosos o evaluar escenas de crímenes.

También en logística y manufactura, los drones realizan inventarios, transportan piezas o inspeccionan almacenes. Empresas de energía y transporte los usan para revisar infraestructuras críticas como líneas eléctricas o vías férreas.

La regulación: clave para el desarrollo seguro

En EE. UU., la FAA regula el uso de drones con normativas como la Parte 107, que establece restricciones de altura, velocidad y zonas de vuelo. También se han desarrollado sistemas como el UTM de la NASA para gestionar el tráfico aéreo no tripulado de forma automatizada y segura.

IA ligera y coordinación masiva

Gracias a modelos de IA más compactos como YOLO o MobileNet, los drones pueden operar de forma autónoma sin necesidad de conexión constante a un servidor o piloto. Investigadores del Jet Propulsion Laboratory de la NASA han demostrado que un dron autónomo puede igualar el rendimiento de un piloto humano experimentado tras un tiempo prolongado. En paralelo, iniciativas como la de MIT están desarrollando algoritmos de coordinación descentralizada para enjambres de cientos de drones.

El futuro inmediato: autonomía total

La IA no solo mejora el vuelo (evitando obstáculos o estabilizando el aparato), sino que permite a los drones tomar decisiones en tiempo real, como resolver problemas durante una entrega o cooperar con otros drones. Empresas como Skydio lideran el desarrollo de drones comerciales con autonomía avanzada. El reto ahora está en integrar estos avances de forma segura en nuestra vida cotidiana y en escenarios de conflicto.

La fotografía de portada de este artículo pertenece al blog de Skydio.

Cleopatra usó algoritmos antes que tú

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Aunque muchas personas piensan que los algoritmos son una invención moderna, lo cierto es que llevan entre nosotros miles de años. Clara Grima, matemática y divulgadora incansable, arranca su nuevo libro, Con algoritmos y a lo loco, reivindicando esa historia. “Los primeros algoritmos se remontan a la época de Babilonia (1800-1600 a. C.), pero los que han tenido mayor trascendencia y han dejado más huella son los que mantienen a nuestra Cleopatra expectante: aquellos que surgieron de las matemáticas de la Grecia clásica”, escribe.

Entre esos primeros algoritmos está el de Euclides de Alejandría, del siglo III a. C., que aún se utiliza hoy para tareas tan modernas como la criptografía. Grima conecta así pasado y presente, demostrando que estas antiguas “recetas” matemáticas siguen funcionando en pleno siglo XXI.

De espaguetis a WhatsApp

Una de las anécdotas del libro es la del “ordenador de pasta”. Para explicar cómo funcionan los algoritmos de ordenación, Grima propone usar fetuchini: cortarlos según la longitud de cada número, alinearlos sobre una mesa y, así, visualizar el orden de menor a mayor. Un ejemplo tan casero como genial para entender ideas complejas sin recurrir a fórmulas.

Y si eso parece rudimentario, también hay espacio para la alta tecnología. Grima explica que el algoritmo de Euclides (el mismo de hace más de 2.000 años) es la base de muchos sistemas de cifrado, como el que protege nuestros mensajes en WhatsApp. “Ninguna máquina puede manejar un número infinito de cifras, pero los humanos sí podemos manejar el concepto de infinito cuando abstraemos”, señala.

La FFT, TikTok y los filtros

Otro protagonista inesperado del libro es la Transformada Rápida de Fourier (FFT, por sus siglas en inglés), un algoritmo que, según Grima, “es imprescindible para tratar cualquier tipo de señal”. Se usa en el MP3, en el reconocimiento de voz, en la compresión de imágenes y hasta en los filtros de TikTok. “¿Qué sería de nuestros selfis sin la FFT?”, se pregunta.

Heroínas invisibles

El libro también rescata a mujeres que la historia de la ciencia ha invisibilizado. Como Pandrosion de Alejandría, mencionada en el siglo IV por Pappus pero transformada al masculino por traductores del siglo XIX. O como Sophie Germain, que estudió matemáticas en secreto porque no le estaba permitido acceder a la universidad. Grima no olvida a las protagonistas de Figuras ocultas, las mujeres que calcularon las órbitas de los cohetes de la NASA. Ni a Margaret Hamilton, quien acuñó el término “ingeniería de software” y diseñó los sistemas que permitieron al Apolo 11 alunizar con éxito.

Entre hormigas e inteligencia artificial

La autora también dedica espacio a los algoritmos bioinspirados, como los que imitan el comportamiento de las hormigas para encontrar rutas óptimas. Esos mismos principios están detrás de los sistemas de inteligencia artificial actuales. De hecho, muchos captchas que resolvemos hoy (identificando semáforos o bicicletas) ayudan a entrenar algoritmos para la conducción autónoma.

Pero Grima no es complaciente: alerta sobre los peligros del mal uso de la IA, desde sesgos en sistemas judiciales hasta chatbots como Tay, de Microsoft, que acabó publicando mensajes racistas tras ser entrenado con odio. Por eso insiste en que “la tecnología más puntera tiene que mirar a los ojos a la filosofía”.

Una divulgadora con sello propio

Clara Grima es doctora en Matemáticas, profesora titular en la Universidad de Sevilla y divulgadora. Ha recibido premios como la Medalla de la Real Sociedad Matemática Española en 2024 y ha llevado las matemáticas a todos los formatos, desde blogs hasta el teatro. Con Con algoritmos y a lo loco, editado por Ariel, confirma que es posible enseñar, divertir y emocionar con una ecuación en la mano.

La imagen de representación de esta noticia ha sido generada con ChatGPT.

Robots: de la mitología griega a la línea de montaje

Pese a lo que el cine o la literatura de ciencia ficción han popularizado, un robot no siempre lleva inteligencia artificial. Mientras que la IA es el software que resuelve tareas complejas como entender el lenguaje o reconocer una imagen, la robótica es el hardware capaz de moverse y actuar en el mundo físico. En algunos casos, estos sistemas se combinan; en otros, los robots funcionan sin una pizca de inteligencia artificial, guiados por humanos o por órdenes muy básicas.

De los dioses a los androides

La palabra «robot» proviene del término checo robota, que significa «trabajo forzado». Se popularizó en 1920 con la obra R.U.R. de Karel Čapek, en la que unas criaturas artificiales se rebelan contra la humanidad. Sin embargo, la fascinación por los seres mecánicos viene de mucho antes: desde Talos, el autómata de bronce de la mitología griega, hasta los diseños hidráulicos de Al-Jazari en el mundo islámico medieval. Aunque no eran robots como los entendemos hoy, los autómatas antiguos fueron los primeros pasos hacia la ilusión de máquinas inteligentes.

Robots reales: de la fábrica al quirófano

El primer robot comercial fue el Unimate, un brazo mecánico vendido a General Motors en 1961. Desde entonces, los robots industriales han revolucionado la manufactura, sobre todo en Asia, con más de 2,7 millones de unidades activas en 2020. Hoy en día, los robots también ayudan en operaciones quirúrgicas de alta precisión, limpian hogares (como el popular Roomba) y patrullan zonas de conflicto desactivando explosivos.

Tipos de robots y sus usos

Existen tres grandes categorías:

  • Manipuladores: brazos robóticos fijos usados en fábricas y hospitales.
  • Robots móviles: se desplazan por tierra, aire o agua, como drones o coches autónomos.
  • Manipuladores móviles: combinan movimiento con capacidad de manipulación, como los robots humanoides.

Estos últimos son los más difíciles de desarrollar. Caminar con dos piernas, mantener el equilibrio o expresarse con naturalidad eran los mayores desafíos.

El factor humano: entre la fascinación y el rechazo

El problema no es solo técnico. Cuanto más humano parece un robot, más rechazo puede generar. Este fenómeno se conoce como uncanny valley o “valle inquietante”. Un diseño casi humano pero no del todo realista provoca incomodidad, e incluso miedo. Proyectos como el robot SEER intentan superar esta barrera trabajando en la expresión emocional y el contacto visual para facilitar la aceptación humana.

Ética, leyes y dilemas

El escritor Isaac Asimov propuso en los años 50 las famosas «Tres Leyes de la Robótica» como marco moral para sus historias. Hoy, los robots reales no pueden comprender ni seguir principios éticos complejos. Por eso, organizaciones como el EPSRC en Reino Unido están promoviendo principios modernos donde la responsabilidad recae en los humanos, no en las máquinas.

Robots para lo peligroso y lo imposible

Desde misiones en Marte hasta la inspección de alcantarillas contaminadas o reactores nucleares, los robots están allí donde los humanos no pueden llegar. Incluso han sido utilizados en situaciones extremas, como la policía de Dallas que empleó un robot para detener a un francotirador.

Futuro: entre promesas y límites

La robótica avanza rápido, pero sigue enfrentando límites técnicos, energéticos y sociales. Aún estamos lejos del robot humanoide autónomo y moral como el de las novelas. Aun así, cada avance técnico (ya sea un mejor sensor, un nuevo algoritmo o una nueva arquitectura interna) acerca más el futuro robótico que antes solo soñábamos.

Últimos avances y nuevas fronteras

En los últimos meses, la robótica ha dado pasos espectaculares más allá de la industria tradicional:

  • Combates y deportes entre robots humanoides: En mayo de 2025, China celebró el primer torneo de kickboxing entre humanoides, protagonizado por los G1 de Unitree, controlados por humanos, que ofrecieron combates de gran agilidad y acrobacias como «kip‑ups». Un mes después, otra competición, esta vez completamente autónoma, enfrentó a robots humanoides en un partido de fútbol 3 contra 3 en Pekín, donde algunos participantes incluso necesitaron ser retirados en camilla por las caídas.
  • Avances técnicos en control de movimientos atléticos: Investigadores de RoboCup y del grupo NimbRo han desarrollado algoritmos de aprendizaje por imitación para ejecutar patadas de fútbol humanoide con precisión biomecánica.
  • Robots humanoides en fábricas: BMW ya prueba humanoides de Figure Robotics en su planta de Múnich, capaces de colocar hasta 1.000 piezas de coche al día tras una mejora del 400 % en velocidad. Además, Boston Dynamics y Hyundai planean introducir el Atlas eléctrico en entornos reales de fabricación, sumándose a iniciativas con Agility Robotics, Apptronik, Amazon, Ford y Tesla para integrar robots bípedos en tareas industriales.
  • Demostraciones de agilidad espectacular: Boston Dynamics ha publicado vídeos de su humanoide Atlas ejecutando breakdance, vueltas, cartwheels y movimientos acrobáticos, mostrando un grado de movimiento muy cercano al humano. Además, su alianza con NVIDIA favorece el uso de IA avanzada en estos movimientos.

Este conjunto de avances refleja cómo la robótica está evolucionando: los robots deportivos demuestran nuevas formas de interacción física y habilidades motoras; los robots industriales ya están impulsando la automatización dentro de fábricas y almacenes; y los bípedos ágiles, como Atlas, están llevando la prueba física muy cerca del espectro humano. En resumen, la robótica ya no es solo herramienta: se está convirtiendo en atleta, operario y compañero visual del futuro.

Francia lleva años usando IA para controlar el patrimonio de sus ciudadanos

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Una IA vigilando desde el cielo: Francia lidera la fiscalización automatizada

Desde 2021, la DGFiP (Dirección General de Finanzas Públicas de Francia) emplea imágenes aéreas combinadas con inteligencia artificial en el sistema “Foncier Innovant”, desarrollado junto a Google y Capgemini, para detectar construcciones privadas no declaradas. El sistema ha sido implementado con éxito en todo el territorio francés y ha identificado:

  • En 2023, se detectaron 140.000 piscinas no declaradas en toda Francia, lo que generó 40 millones de euros adicionales en impuestos.
  • En el departamento del Gers, se identificaron 1.000 piscinas desde 2023, aportando 180.000 euros a las arcas locales.
  • En la región de Auvernia-Ródano-Alpes, se descubrieron 984 piscinas no declaradas en Haute-Savoie entre 2022 y 2023, y 366 en Savoie solo en 2023.

Del aire a la base de datos: cómo funciona Foncier Innovant

El sistema automatiza el análisis de imágenes aéreas públicas del IGN, en combinación con declaraciones fiscales y urbanísticas. Los algoritmos, desarrollados en open source, extraen los contornos de edificios y piscinas. Luego, un agente de la DGFiP verifica manualmente las discrepancias antes de notificar a los propietarios.

Tras la fase de pruebas en nueve departamentos en 2022, el sistema fue generalizado a toda la Francia metropolitana en mayo de 2023. Desde entonces, más de 120.000 propietarios han recibido comunicaciones para regularizar sus construcciones, mediante el servicio “Biens immobiliers”.

Más allá de las piscinas: verandas, garajes y anexos en el punto de mira

Desde 2024, la IA se usa también para identificar verandas, garajes y ampliaciones mayores de 20 m². Estas construcciones deben contar con permisos y ser declaradas para calcular correctamente la taxe foncière y la taxe d’aménagement. Esta extensión del sistema busca reforzar la equidad y justicia fiscal en todo el país.

Errores y críticas al sistema

Aunque el sistema es rentable (su coste de 24 millones ya se ha amortizado), presenta fallos: la CGT denuncia una tasa de error del 30 %, al confundir lonas o estructuras desmontables con piscinas permanentes.

Además, más de 600.000 reclamaciones fiscales se presentaron solo en 2023. Casos como el envío de 16.500 avisos de impuestos a menores han alimentado la polémica sobre la automatización excesiva.

Un debate abierto: tecnología vs. derechos

Mientras el gobierno francés celebra los buenos resultados fiscales, expertos y asociaciones como Intercommunalités de France advierten sobre la “prematura generalización de la IA” en la administración pública. La Defensora de Derechos, Claire Hédon, también denunció una “desmaterialización excesiva” que perjudica el acceso a servicios públicos.

Conclusión: hasta las piscinas necesitan papeles

El caso de Gers confirma que la vigilancia automatizada ya no es exclusiva de las grandes ciudades. Francia se convierte así en pionera de una nueva fiscalidad digital, que despierta tanto admiración como inquietud. El futuro está claro: si construyes, declara. Porque Hacienda te está mirando desde el cielo.

La fotografía de representación de esta noticia pertenece a Larry Tseng y ha sido publicada en Unsplash

La IA puede romperte el corazón

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La inteligencia artificial también puede ser una figura de apego

A medida que herramientas como ChatGPT se integran cada vez más en nuestra vida diaria, crece el interés por comprender cómo nos relacionamos psicológicamente con ellas. Un reciente estudio publicado en la revista Current Psychology explora una sorprendente hipótesis: las personas podrían desarrollar vínculos emocionales con la inteligencia artificial similares a los que se establecen con seres humanos o incluso con mascotas.

Este trabajo, realizado por Fan Yang y Atsushi Oshio, investigadores de la Universidad de Waseda (Japón), utiliza la teoría del apego (un marco clásico de la psicología desarrollado por John Bowlby) para analizar las experiencias emocionales que emergen en las interacciones con sistemas de IA generativa como ChatGPT.

Del apego humano al apego hacia la IA

La teoría del apego describe cómo las personas buscan seguridad emocional en figuras que consideran más fuertes y sabias. Tradicionalmente, se ha aplicado a relaciones entre padres e hijos, parejas o amistades. Pero Yang y Oshio han querido explorar si esas mismas dinámicas se manifiestan en la interacción con inteligencias artificiales.

En su investigación, realizaron dos estudios piloto y un estudio formal en los que participaron más de 250 personas usuarias de IA en China. Sus hallazgos indican que muchos participantes recurren a la IA como refugio emocional, buscan su compañía o confían en ella para expresar sus logros o angustias, funciones clave del apego según la teoría original.

Así es el nuevo test de apego hacia la IA

Los autores diseñaron una nueva herramienta llamada Experiences in Human-AI Relationships Scale (EHARS), basada en dos dimensiones: ansiedad de apego y evitación del apego hacia la IA.

La ansiedad de apego se caracteriza por una fuerte necesidad de reafirmación emocional por parte de la IA y miedo a respuestas inadecuadas. La evitación del apego, en cambio, refleja incomodidad con la cercanía emocional y una preferencia por mantener distancia con estas tecnologías.

El cuestionario incluye afirmaciones como: “Necesito que la IA me demuestre afecto para sentirme aceptado” o “Prefiero no mostrar a la IA cómo me siento realmente”. El análisis estadístico de estas respuestas confirmó que estas dimensiones permiten evaluar cómo diferentes personas se relacionan emocionalmente con los sistemas de IA.

¿Apego sin cuerpo ni reciprocidad?

Una de las preguntas más complejas del estudio es cómo puede surgir el apego hacia una entidad que no tiene cuerpo ni emociones reales. A diferencia de humanos o animales, la IA no puede abrazarnos ni rechazar nuestra compañía. Sin embargo, los autores sostienen que su capacidad de respuesta constante y sin juicios la convierte en una fuente predecible de apoyo emocional, especialmente útil para personas con ansiedad social o en situaciones de aislamiento.

Esta fiabilidad, según el estudio, puede sustituir, al menos en parte, la necesidad de contacto físico, dando lugar a una forma única de apego.

Consecuencias prácticas y éticas

El desarrollo de esta nueva escala podría tener múltiples aplicaciones. Por un lado, permitiría diseñar IA más empáticas y adaptadas a las necesidades emocionales de sus usuarios, ajustando su estilo de comunicación a distintos perfiles psicológicos. Por otro, plantea importantes dilemas éticos sobre el riesgo de dependencia emocional hacia máquinas que simulan empatía sin sentirla.

Los desarrolladores deben ser transparentes sobre el carácter programado de estas respuestas”, advierten los autores. Manipular la percepción de la IA como figura emocionalmente disponible podría dañar a personas vulnerables, especialmente si no son conscientes de que están interactuando con un sistema sin conciencia.

Un nuevo campo de estudio

Este trabajo abre una vía prometedora en la intersección entre psicología y tecnología, al demostrar que los vínculos afectivos con la inteligencia artificial pueden analizarse con las herramientas clásicas de la teoría del apego. A medida que la IA se vuelve más omnipresente, comprender estas nuevas formas de relación podría ser clave para garantizar interacciones beneficiosas y emocionalmente seguras.

La fotografía de representación de este artículo es un fotograma de la película Her (2013).

La inteligencia artificial despega hacia el espacio

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La inteligencia artificial está transformando nuestra relación con el cosmos. Desde telescopios que corrigen automáticamente el efecto de la atmósfera hasta sondas que exploran Marte sin intervención humana, la IA permite ver, trabajar y hasta planear vacaciones más allá de nuestro planeta. Su papel es esencial para construir infraestructuras en el espacio, analizar millones de datos cósmicos y descubrir nuevos elementos. Gracias a ella, el sueño de colonizar otros mundos está más cerca que nunca.

Ver el universo con mayor claridad

Uno de los avances más llamativos en la astronomía moderna es la integración de la IA en telescopios. Gracias a técnicas como la óptica adaptativa, que ajusta en tiempo real los espejos de los telescopios para compensar las distorsiones de la atmósfera terrestre, es posible obtener imágenes nítidas de objetos lejanos. Este ajuste requiere miles de cálculos por segundo, tarea en la que la IA resulta imprescindible. Telescopios de nueva generación como el Giant Magellan Telescope o el Thirty-Meter Telescope ya se diseñan para incorporar estas tecnologías.

Descubrir nuevos planetas

El análisis de datos astronómicos también ha mejorado gracias al aprendizaje automático. La detección de exoplanetas (planetas fuera del sistema solar) depende de patrones extremadamente sutiles en grandes volúmenes de datos. Un ejemplo fue el descubrimiento del octavo planeta del sistema Kepler 90 por un sistema de IA desarrollado por Google y la NASA, que analizó registros del telescopio Kepler de forma más eficiente que los métodos tradicionales.

Minería espacial automatizada

La IA juega un papel central en la minería de asteroides y en la superficie lunar. Drones autónomos exploran asteroides en busca de recursos valiosos, como agua o metales raros, y los identifican sin necesidad de control humano constante. Una vez localizada una fuente útil, los robots pueden ser enviados a explotarla o incluso remolcar el asteroide a una órbita segura. Este tipo de operación minimiza los riesgos y evita daños al medioambiente terrestre. Compañías como OffWorld y proyectos públicos como Resource Prospector de la NASA utilizan IA para planificar estas operaciones.

Centros de datos en órbita

Uno de los desarrollos más innovadores es el despliegue de centros de datos en el espacio. Empresas como Axiom Space o Lonestar Data trabajan en módulos orbitales que almacenarán información crítica lejos de la Tierra, aprovechando el enfriamiento natural del espacio y la disponibilidad de energía solar. La misión “Haven-1”, prevista como estación privada, podría albergar también capacidades de procesamiento de datos en microgravedad.

Explorar con autonomía

Las sondas espaciales actuales están diseñadas para actuar de forma autónoma durante largos periodos. En Marte, por ejemplo, los rovers como Perseverance seleccionan sus propios objetivos científicos sin intervención directa desde la Tierra, gracias a algoritmos de IA que analizan el terreno en tiempo real. Esta capacidad es vital, ya que las señales entre ambos planetas pueden tardar hasta 24 minutos en cada sentido.

Optimizar las comunicaciones

En un entorno tan complejo como el espacio, la comunicación es otro reto que la IA está ayudando a resolver. La tecnología de radio cognitiva permite a los dispositivos espaciales utilizar el espectro de radio de manera más eficiente, eligiendo automáticamente las mejores frecuencias para evitar interferencias y maximizar la velocidad de transmisión.

Nuevos materiales y elementos

Además de la observación, la IA también se utiliza en laboratorios espaciales para descubrir materiales. Combinando elementos conocidos en condiciones de microgravedad, los científicos han logrado crear millones de nuevos cristales con ayuda de redes neuronales. Algunos de estos materiales podrían revolucionar sectores como la electrónica o la energía.

Hacia la colonización espacial

La IA no solo facilita la exploración, también permite planificar colonias en entornos hostiles como la Luna o Marte. Desde la gestión de recursos hasta la construcción de hábitats autónomos, pasando por sistemas de soporte vital y reciclaje, la inteligencia artificial será el cerebro de las futuras bases fuera de la Tierra.

La inteligencia artificial es, hoy, una herramienta esencial para que la humanidad amplíe su presencia en el espacio. Desde descubrir nuevos mundos hasta fabricar materiales imposibles en la Tierra, su papel será cada vez más determinante en los próximos pasos del viaje cósmico de la civilización.

La imagen de representación de este artículo pertenece a Pramod Tiwari y ha sido publicada en Unsplash

Los vehículos autónomos arrancan

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Del sueño futurista a la realidad tecnológica

El concepto de coche autónomo no es nuevo. Desde los años 20 del siglo pasado se han ensayado vehículos dirigidos por control remoto, pero fue a partir de los años 80 cuando los avances en inteligencia artificial y sensores permitieron soñar con una autonomía real. El gran punto de inflexión llegó en 2005, cuando Stanley, un coche desarrollado por el equipo de Sebastian Thrun, ganó el Desafío DARPA. Ese hito llevó al nacimiento del proyecto de coches autónomos de Google, hoy convertido en Waymo.

Qué es y cómo funciona un coche autónomo

Un coche autónomo es un vehículo capaz de desplazarse sin intervención humana, gestionando por sí mismo la navegación, la detección de obstáculos y la toma de decisiones en carretera. A diferencia de los coches actuales con funciones automatizadas como el aparcamiento asistido, un SD car actúa de manera independiente, desde el punto de salida hasta el destino.

La clave del coche autónomo está en su arquitectura basada en el ciclo sense-plan-act: primero percibe su entorno mediante sensores como cámaras, radares, lidar o ultrasonidos. Luego, con ayuda de modelos de aprendizaje automático, planifica la ruta y anticipa los movimientos de otros vehículos. Finalmente, ejecuta las acciones necesarias con sistemas de control que gestionan aceleración, freno y dirección.

Los seis niveles de autonomía

La Sociedad de Ingenieros de Automoción (SAE) ha definido seis niveles de autonomía que van desde la asistencia mínima (nivel 1) hasta la autonomía total (nivel 5), sin volante ni intervención humana. La introducción del coche autónomo promete reducir hasta un 90% de los accidentes, según McKinsey & Company. Además, cambiará el diseño urbano, abaratará el transporte y permitirá a los usuarios aprovechar el tiempo del trayecto en otras actividades. También facilitará el acceso a la movilidad para personas mayores o con discapacidad.

Retos técnicos y morales

A pesar de los avances, aún existen desafíos. Los sensores pueden fallar en condiciones meteorológicas adversas, y predecir el comportamiento humano sigue siendo complejo para las máquinas. Además, surgen dilemas éticos como el «problema del tranvía«: ¿a quién debe proteger el coche en una situación de emergencia?

El debut de los robotaxis de Tesla

El 22 de junio de 2025, Tesla lanzó en Austin, Texas, su primer servicio de robotaxis. Se trata de una flota limitada de vehículos Model Y que circulan sin conductor en trayectos de pago. El acceso al servicio está restringido a usuarios “Early Access” mediante la nueva Robotaxi App. Cada trayecto cuesta 4,20 dólares y se realiza dentro de una zona geocercada, entre las 6:00 y las 00:00.

Aunque no llevan conductor, los vehículos incorporan un “Tesla Safety Monitor” en el asiento del copiloto, preparado para intervenir en caso de fallo. Además, el sistema cuenta con supervisión remota. Tesla ha evitado rutas complejas o mal tiempo y no permite el transporte de menores de edad.

Un paso con muchas implicaciones

Este despliegue ocurre en un contexto delicado. Tesla ha sufrido una caída del 71% en beneficios y del 9% en ventas en el primer trimestre de 2025. La compañía espera que este programa reactive su valor bursátil, que sigue un 33% por debajo de su pico en diciembre de 2024.

Para Dan Ives, analista de Wedbush Securities, este piloto “marca el inicio de la era dorada de la autonomía”. Sin embargo, la competencia es feroz: Waymo ya opera servicios similares en ciudades como Phoenix, San Francisco y Austin, con más de 250.000 trayectos semanales y 10 millones acumulados.

Retos técnicos, regulatorios y sociales

A pesar del entusiasmo, el programa ha despertado escepticismo. La NHTSA está evaluando el sistema “Full Self-Driving” tras denuncias de fallos, y Texas aprobó una ley que, a partir de septiembre, exigirá certificaciones de seguridad. Tesla, por ahora, evita las zonas más complicadas y mantiene un control exhaustivo.

¿Y ahora qué?

Elon Musk promete que millones de Teslas podrán convertirse en robotaxis gracias a actualizaciones de software, replicando el modelo de Airbnb en el transporte. Pero expertos como Philip Koopman, de Carnegie Mellon, advierten que “esto es el fin del principio, no el principio del fin”. La masificación del servicio aún tardará.

Un futuro que ya ha comenzado

A largo plazo, el coche autónomo cambiará nuestra relación con el automóvil. Ya no necesitaremos poseer uno: bastará con solicitar un vehículo bajo demanda. Eso transformará la economía, el urbanismo y la vida cotidiana. Aunque aún quedan obstáculos, la dirección está clara: nos dirigimos hacia un mundo donde los coches conducirán por nosotros.

AI Cyber Assistant: inteligencia artificial contra la ciberdelincuencia empresarial

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Hornetsecurity, proveedor global de soluciones de ciberseguridad, ha revolucionado su oferta con la integración de inteligencia artificial generativa en su plataforma para Microsoft 365: AI Cyber Assistant.

Una solución para un problema cada vez mayor

La proliferación de ataques basados en phishing o suplantación de identidad ha obligado a las empresas a buscar nuevos enfoques. Con AI Cyber Assistant, Hornetsecurity ofrece una herramienta que automatiza parte del trabajo de los administradores de seguridad y forma a los usuarios para que se conviertan en un auténtico cortafuegos humano.

El asistente se integra en el nuevo 365 Total Protection Plan 4, ofreciendo un enfoque centralizado a la ciberseguridad que combina análisis automatizado, aprendizaje automático y una experiencia de usuario más intuitiva.

Email Security Analyst: menos carga, más formación

Una de las funciones centrales del nuevo asistente es Email Security Analyst, diseñada para gestionar automáticamente los correos electrónicos que los usuarios marcan como sospechosos. La herramienta emplea un modelo de lenguaje para ofrecer respuestas inmediatas, aliviando así la carga de los equipos de soporte y seguridad.

Según Hornetsecurity, este sistema no solo ahorra tiempo a los administradores, sino que también proporciona explicaciones que pueden ayudar a los usuarios a identificar comportamientos sospechosos en el futuro. Aun así, la automatización de este tipo de tareas plantea interrogantes sobre la fiabilidad de los modelos de IA en contextos donde los falsos positivos o negativos pueden tener consecuencias relevantes.

Supervisión de mensajes en Microsoft Teams

Otra novedad relevante es Teams Protection, una herramienta que analiza los mensajes enviados a través de Microsoft Teams en busca de enlaces maliciosos, archivos peligrosos o intentos de suplantación de identidad. Hornetsecurity afirma que este sistema emplea técnicas de aprendizaje automático y visión artificial para detectar patrones anómalos, incluyendo la presencia de logotipos manipulados, códigos QR o textos incrustados en imágenes.

La empresa subraya que, gracias a esta funcionalidad, los administradores pueden tomar acciones directas como eliminar conversaciones o bloquear a usuarios sospechosos desde el panel de control del sistema. Esta medida responde a un aumento de los ataques a través de plataformas de mensajería corporativa, que a menudo no reciben la misma atención en seguridad que el correo electrónico.

Unificación de herramientas en una sola plataforma

Las nuevas funcionalidades se integran en una única interfaz de gestión dentro de 365 Total Protection Plan 4, lo que permite combinar en un solo entorno la protección del correo electrónico, la gestión del riesgo, la recuperación de datos y la formación de usuarios. Según Hornetsecurity, el rediseño del panel busca mejorar la experiencia de uso, especialmente para empresas con recursos técnicos limitados.

La compañía también ha actualizado su sistema AI Recipient Validation, que ayuda a prevenir errores en el envío de correos y fugas de datos, con un nuevo enfoque centrado en la experiencia del usuario.

IA en ciberseguridad: promesa y precaución

El uso de inteligencia artificial en entornos corporativos de seguridad sigue creciendo, y soluciones como AI Cyber Assistant muestran cómo esta tecnología puede ayudar a automatizar tareas repetitivas. Sin embargo, su adopción requiere un análisis crítico: aunque pueden reducir la carga de trabajo, estas herramientas deben estar correctamente configuradas y supervisadas para evitar que se conviertan en una fuente de errores o brechas de seguridad.

Hornetsecurity opera en más de 120 países y, según sus cifras, cuenta con más de 125.000 clientes. Su producto estrella, 365 Total Protection, busca posicionarse como una solución integral para Microsoft 365, en un mercado cada vez más competitivo donde la capacidad de respuesta frente a nuevas amenazas es clave.

Por qué el deep learning lo cambió todo

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La revolución que vino del cerebro humano

El deep learning, o aprendizaje profundo, es una técnica de inteligencia artificial basada en redes neuronales que imitan, en una escala simplificada, el funcionamiento del cerebro humano. Aunque la IA es un campo mucho más amplio, ha sido esta técnica la que ha impulsado sus avances más espectaculares en la última década. Su funcionamiento se basa en capas de neuronas artificiales que procesan datos, los transforman y extraen patrones mediante un sistema de prueba y error conocido como backpropagation. Este método permite a las máquinas aprender directamente de ejemplos, sin necesidad de reglas programadas por humanos.

Del perceptrón a las redes profundas

El camino comenzó en 1957 con el perceptrón, una idea pionera del psicólogo Frank Rosenblatt para que las máquinas pudieran aprender por sí solas. Aunque sus capacidades eran limitadas, sentó las bases de las actuales redes neuronales profundas. Con el paso del tiempo y la mejora del hardware (en especial de las GPU), estas redes pudieron crecer en complejidad y profundidad, resolviendo tareas cada vez más sofisticadas. Este cambio no solo fue cuantitativo: permitió pasar de crear manualmente características relevantes a que las redes las aprendan por sí mismas, un salto cualitativo crucial.

Aplicaciones que cambiaron industrias

El deep learning es el motor de muchas tecnologías que hoy damos por sentadas. Las redes convolucionales (CNN) permiten a los sistemas reconocer imágenes con precisión, como ocurre en los coches autónomos o en los diagnósticos médicos por imagen. Las redes recurrentes (RNN) son la base del reconocimiento de voz y la traducción automática. Las redes generativas adversarias (GAN), por su parte, han demostrado que una IA puede crear imágenes, vídeos o texto casi indistinguibles de los reales. Estas redes enfrentan dos inteligencias artificiales: una genera contenido y la otra lo evalúa, logrando resultados sorprendentes.

Del juego a la superación humana

Uno de los casos más impactantes fue el de AlphaGo, el sistema de DeepMind que en 2016 derrotó al campeón mundial de Go. No solo aprendió a jugar, sino que desarrolló estrategias que ningún humano había imaginado. Su sucesor, AlphaZero, fue aún más lejos: aprendió por sí mismo a jugar a distintos juegos sin intervención humana, solo mediante aprendizaje por refuerzo.

¿Cómo funciona el deep learning?

El deep learning utiliza redes neuronales artificiales compuestas por capas de unidades llamadas neuronas, inspiradas en el funcionamiento del cerebro humano. Cada neurona recibe una serie de entradas numéricas, las combina mediante una operación matemática (una suma ponderada) y aplica una función de activación para decidir si transmite o no una señal a las siguientes capas. Este proceso se repite capa tras capa, permitiendo que la red aprenda representaciones progresivamente más abstractas de los datos.

El aprendizaje ocurre mediante un algoritmo llamado backpropagation, que ajusta los pesos de las conexiones entre neuronas en función del error cometido en las predicciones. Es decir, si la red falla, analiza en qué parte del proceso se cometió el error y modifica sus parámetros para mejorar en la siguiente iteración. A medida que procesa muchos ejemplos, la red se vuelve más precisa.

Gracias a este enfoque, el deep learning puede reconocer patrones complejos en imágenes, voz o texto sin que nadie le diga qué buscar exactamente. Esto lo convierte en una herramienta extremadamente potente para tareas como la visión por ordenador, la traducción automática o el diagnóstico médico.

Luces y sombras del aprendizaje profundo

A pesar de su potencial, el deep learning tiene limitaciones importantes. No entiende el mundo como los humanos: detecta patrones estadísticos, lo que lo hace vulnerable a datos que no ha visto o a ataques diseñados para confundirlo. Además, necesita grandes cantidades de datos para funcionar y puede generar decisiones difíciles de interpretar. Estas debilidades han abierto un debate sobre la necesidad de combinarlo con otras técnicas de IA y de desarrollar sistemas más transparentes y robustos.

El futuro ya está aquí

El deep learning ha dejado de ser una promesa para convertirse en una herramienta central del presente. Sus aplicaciones van desde los móviles hasta la medicina, pasando por la industria, el transporte o el entretenimiento. Y aunque aún no entiende como un humano, lo cierto es que ha cambiado para siempre lo que las máquinas pueden hacer. Por eso, el deep learning lo cambió todo.

La imagen de representación de este artículo pertenece a Shubham Dhage y ha sido publicada en Unsplash